Revoltijos en el estomago, como nauseas que vienen y van, haciendo ruidos de grotescos como provenientes de la boca del más feroz orco de las tierras bajas. Un destino de sulfúrico fuego y cenizas me espera ansioso mientras me retuerzo de remordimiento y coraje. Coraje de un fruto que nunca maduro y fue arrancado del árbol en su estado menos provechoso. Un jugo que nunca empapará de dulzor los labios de nadie, ni hará sonrojar a la dama más casta al deslizarse entre sus senos, como tampoco dará saludable renueve de energías perdidas en batalla a un valiente guerrero. Así pues, como en el cierre de un tercer acto, las luces se oscurecen dentro de las paredes de mi mente, sacudiendo mariposas de ideas que revolotean inquietas buscando la salida antes de morir al final del día, aunque el amanecer recién se hace palpable. Mientras el sol devela toda impureza con la primera clara, mi cuerpo herido en su orgullo se muestra harapiento, sucio, en una posición fetal, tan vulnerable.
Sólo queda esperar la gracia del perdón, del olvido bajo el resplandor de la luna que se levanta como un borrador que se arrastra por los sesos. Limpiando todo mal con adormecedor caricia de su brillo en el rostro, engañando a la culpa del pecado. Por ende, aunque me lleve la vida, sobreviviré al día hasta poder tocar la noche con la almohada. Volveré a construir el puente que la corriente del río arrasó sin cuartel en una masacre de violentas fuerzas de la naturaleza dirigidas por la Tempestad. Ante Dios cargaré la espada empapada en sangre hasta quedar sin aliento vivo o hasta que Él, en su gloria y misericordia, decida limpiar con su manto mi voz de guerra y vuelva a prestarla a su servicio. Hasta entonces seré prisionero en mi traición al código de honor que juré defender y ultrajé. Me pongo a manos del carcelero de la vergüenza para atormentar mi alma, esperando que la plateada luz de esperanza me redima desde lo alto.
Sólo queda esperar la gracia del perdón, del olvido bajo el resplandor de la luna que se levanta como un borrador que se arrastra por los sesos. Limpiando todo mal con adormecedor caricia de su brillo en el rostro, engañando a la culpa del pecado. Por ende, aunque me lleve la vida, sobreviviré al día hasta poder tocar la noche con la almohada. Volveré a construir el puente que la corriente del río arrasó sin cuartel en una masacre de violentas fuerzas de la naturaleza dirigidas por la Tempestad. Ante Dios cargaré la espada empapada en sangre hasta quedar sin aliento vivo o hasta que Él, en su gloria y misericordia, decida limpiar con su manto mi voz de guerra y vuelva a prestarla a su servicio. Hasta entonces seré prisionero en mi traición al código de honor que juré defender y ultrajé. Me pongo a manos del carcelero de la vergüenza para atormentar mi alma, esperando que la plateada luz de esperanza me redima desde lo alto.
1 Opinan que:
Tuteeeeeeeeeee dónde estás?
te extraño!!! volví y tengo mil cosas que contarte...
Estás escribiendo cada día mejor amigo, ya tú sabes, eres seco (en sentido chileno obviamente)
en fin, espero hablemos pronto
te quiero mucho
besos
Dan
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