lunes, enero 11, 2010

De cabezas a pie, de pies a cabeza

“Mi querido amigo, Discernimiento, ¿cómo se encuentra tu pie? ¿Acaso el búho te dio las 3 canicas azules? ¿Por qué no me prestas tus dientes y miras lo que te toco? Quiero que sepas algo por donde mi cabeza da vueltas, de lo cual, me gustaría una opinión tuya al respecto. Tal es así la ligereza de prisa, que deje a mi madre en el hospital mientras me daba a luz para consultarte. Asimismo fue como me crucé con la muerte, que traía consigo un costal de almas nuevas por repartir, y sin callar un instante me advirtió que no descuide mis modales y deje los zapatos en la puerta al salir.


Entonces, me puse en marcha, no pude moverme ni un milímetro camino aquí. Cuando empezó a despejarse y llover, los conejos corrían apurados viendo como me clavaba en la tierra y el sombrero casi se me volaba a causa de la gravedad. ¡Es tan difícil conseguir cabellos hoy en día! ¿A caso nadie tiene consideración por los que no usan pañales? Un mimo por parte de la reseca mente hacia los ancianos que llevamos dentro no le caerían bien a nadie. A todo eso se le sumaban mis necedades por olvidarme de lo que vengo a golpearte. Y sí, sé bien que pasó inadvertido, el impacto del tema que atañe mi visita.


Cometí un atino inesperado al internarme en el bosque, el conocimiento del terreno me obligó a correr aprisa entre postes y autos quietos. Los gatos me saludaban entre los árboles, dándome indicaciones poco favorables a mi principio. Las luces que caían entre las hojas, no eran tan gruesas como las primeras de la noche de mi viaje. Y a medida que retrocedía fui notando cambios increíbles y maravillosos. Eso me arrastro a pasear entre peses por mis dedos, y parecía que recordaba hasta mi nombre, porque nada era lo que parecía, estaba todo al revés.. y eso confunde, ¿sabés?


Las palomas paseaban por los aires, los insectos eran ignorados entre gigantes y sus vidas nadie las respetaba. Vi grandes sembrados en la tierra; esquinas a 90°; caminos que llevaban a caminos; caminos que llevaban a ciudades; ciudades con edificios y casas; casas con personas; personas humanas; humanos de pie; pies sobre la tierra... sentí que abusaban de mi buen nombre. El asombro era efímero, no podía dejar de brotar aires seco de mis axilas. El perfume era desgarrador, intoxicante, como si hubiesen asesinado a una pobre gallina, cortándole la cabeza, desplumándola y metiéndola en un horno... pensé que mi nombre se partía.


Entre tantas aberraciones me sentía demasiado orientado. Empecé a recorrer las calles de una manera muy calma, hasta que caí sobre una nube, caí y caí, sobre un cielo cada vez más despejado. En un momento no pude ver más que luz blanca, sentía que estaba haciendo equilibrio en el suelo. Mi cobardía estalló en llamas violáceas, me quedé de brazos cruzados y me senté en el piso como todo un niño. Hasta llegar a un camino sin salida, que al cruzarlo me di cuenta que no era otra cosa donde estaba que tu armario, el que tienes sobre el techo. Desde allí, subí hasta tu pórtico y aquí me tienes.


...


No me pongas esa cara, sabés que me gusta jugar con vos. Lamento haber dicho tanta coherencia y sabiduría, pero en tan corto viaje necesitaba recapitular para recordar el motivo principal de mi visita. Y me entristezco de haberlo hecho, porque de no ser así creo que lo habría recordado, ya que este relato, amigo, me obliga a preguntarte: ¿Por qué será que los hombres te buscan a vos como si fueses algo más que un tesoro, mientras a mí me deprecian como si de la peste se tratara? ¿Acaso no soy yo más amistoso? De mi boca nunca escasean las palabras, y vos permaneces callado todo el tiempo... y según mi parecer, ambos comprendemos, en mismo tiempo, a la verdad.”
 ~ Lo que le dijo Sinsentido a Discernimiento.

0 Opinan que:

Ratings and Recommendations by outbrain