Los automóviles viajan por el cielo de París, totalmente teñido de blanco y gris – veo mi rostro en el asfalto turbado por alguna que otra rueda fugaz. Mientras las frías caricias de la garúa me hacen pensar en ella. Sé que no debería extrañarla hoy, pero los días de lluvia siempre terminan usando su perfume. En la ciudad del amor y los corazones rotos pensé que podría hacer humo mi adiós y dispersar en el viento toda la pasión que quemé por su cuello...
Al contrario, el único fuego que despido es el de mi boca suspirando odio y nostalgia al dibujar su rostro en mi alma...
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